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IGLESIA MISIONERA
1. Memoria histórica
Ser Iglesia es vivir la rica experiencia de quienes a lo largo de la historia han dado una respuesta de fe óptima a los ojos de Dios y acepta a la luz de los hombres por eso recogemos los momentos más significativos de nuestra vida de Iglesia local para que valorando el pasado podamos fortalecer el presente y optimizar el futuro.
En los inicios de nuestra historia nuestro territorio estaba ocupado por un conjunto de tribus como los pimas, ópatas, yaquis, mayos, guarijíos, dichas etnias se distinguieron por su carácter altivo, independiente y guerrero, celosos de sus territorios y defensores incansables ante la presencia de los primeros españoles que llegaron guiados por el capitán Diego de Guzmán en 1536 y por el capitán de la Villa de Sinaloa, 72 años después retirándose derrotados en ambos combates
PRIMEROS EVANGELIZADORES
Fue en 1614 cuando el Padre Pedro Méndez entró por el río mayo después de que el Capitán Martínez de Hurdaide recibiera la petición de la comitiva de los indios mayos, quienes solicitaban la presencia de los misioneros para mejorar su estilo de vida igual que los mayos de Sinaloa. De igual forma los yaquis solicitaron posteriormente el estilo de vida que ofrecían las misiones, puesto que terminaban con la guerra y ofrecían trabajo productivo, mejor alimentación, fiestas vistosas, canto, música, caballos para montar y aprender a tocar instrumentos musicales. Para lograr este paso se hizo un convenio de paz bajo las condiciones de que los misioneros entraran a su “nación” sin la compañía de los soldados, la tribu conservaría sus propias actividades, costumbres y libertad. Fue en 1617 cuando los yaquis abrieron paso al Evangelio y a la cultura cristiana por medio de los primeros misioneros; Andrés Pérez y Tomás Basilio, que llegaron al río yaqui. Con el paso del tiempo las misiones fueron extendiéndose a lo largo del actual estado de sonora. Fue así como los misioneros se extendieron a lo largo de Sonora y Sinaloa donde posteriormente se desarrollaron los reales de minas, generando la presencia de comerciantes, rancheros y haciendas. Sin embargo debemos reconocer que las armas españolas fracasaron al querer penetrar la conquista frente a las tribus, fue la conquista espiritual ofrecida por la Orden de la Compañía de Jesús la que hizo presente el Evangelio en nuestras tierras.
De esas primeras enseñanzas de la palabra de Jesús a los moradores de este territorio hasta nuestra época, han transcurrido mas de 300 años de vicisitudes diversas, asesinatos de misioneros, expulsión de la Orden de la Compañía de Jesús, persecuciones religiosas y hasta abandono de las tribus indígenas de parte de la Iglesia Católica, y no obstante, ellas continúan siendo fieles a su ya tradicional religión, hasta sorprender en casos como el de los yaquis, quienes conservan sus antiguos misales en los que leen sus misas solemnes y los cantos en latín (cantos gregorianos), tal como se los enseñaron sus antepasados, los misioneros jesuitas. Lamentablemente, las sectas protestantes han penetrado mucho entre las etnias, al igual que entre el resto de los mexicanos de todo el país.
Con el paso del tiempo se separó la provincia de Sinaloa, a finales del siglo XVI, dependiendo política y administrativamente de la gobernación de la Nueva Vizcaya, con sede en Durango, y eclesiásticamente de la diócesis de Durango, hasta el 7 de mayo de 1779, fecha en que el papa Pío VI con la bula “Caridad Inmensa de la Divina Piedad”, erigió la diócesis de Sonora. Ésta comprendió los territorios de la provincia de Sinaloa y Sonora, que fueron segregadas de la Diócesis de Durango, y de las Californias, segregadas de la diócesis de Guadalajara. Su sede episcopal sería la Ciudad de Arizpe. Su primer obispo fue el franciscano fray Antonio de los Reyes Almada, quien tomó posesión el 1º de mayo de 1783, instalándose en el Real de la Concepción de los Álamos, no obstante que Arizpe era la sede asignada, debido a su lejanía del resto de la Diócesis y al peligro que representaban los frecuentes ataques de los indios apaches, jocomes y janos. A fray Antonio de los Reyas Almada sucedieron varios obispos, como titulares de ésta diócesis, hasta su división en la de Hermosillo, con sede en dicha ciudad, y la de Culiacán por bula de su santidad León XII en 1883. Ésta diócesis se formó únicamente en el estado de Sonora, que fue separada territorialmente de Sinaloa y las Californias, habiendo sido su primer obispo el Excmo. Sr. Don Jesús María Rico y Santoyo (1883-84), quien fijó su residencia en Hermosillo. A los seis meses de tomar posesión, murió contagiado por fiebre amarilla.
Con la llegada a Sonora del Obispo sucesor, Don Herculano López de la Mora, empieza a desarrollarse una gran vida eclesial. Fundó el seminario en 1888, construyó infinidad de parroquias, se dinamizaron ligas y cofradías religiosas y abrió caminos a posteriores obispos como Don Ignacio Valdespino, que estuvo desde 1902 a 1913 y Don Juan Navarrete y Guerrero que guió al pueblo de Dios desde 1919 a 1968.
En 1959, la diócesis de Sonora se divide en las actuales diócesis de Hermosillo y de Ciudad Obregón por disposición del papa Juan XXIII. Fue en septiembre 4 de 1963, cuando el papa Pablo VI expidió la bula “Mexicana Nación”, elevando a Hermosillo a la calidad de Arquidiócesis, siendo sus diócesis sufragáneas la Paz, Tijuana, Mexicali y Ciudad Obregón.
DIÓCESIS DE CIUDAD OBREGÓN.
Constituida por la bula del papa Juan XXIII, el 20 de junio de 1959, se le dio por nombre el de CIUDAD OBREGÓN, la que sería la sede, y el domicilio cátedra del Sr. Obispo el templo dedicado al Sagrado Corazón de Jesús, que se elevó a la dignidad de Catedral.
Por la bula apostólica el 28 de noviembre de 1959 fue designado, como su primer obispo, don José Soledad Torres Castañeda; el cual tomó posesión el 25 de febrero de 1960. Durante el tiempo que estuvo al frente de la Diócesis se construyó el Seminario Diocesano y se dio auge a los movimientos apostólicos, especialmente a la Acción Católica.
A la muerte del Sr. Obispo Don José Soledad Torres, S.S. Pablo VI nombró como segundo obispo de la Diócesis al Sr. Obispo Don Miguel González Ibarra, Obispo de Autlán, Jalisco, quien tomó posesión de la misma el 17 de agosto de 1967. Estuvo al frente de la diócesis 14 años tres meses, renunció el 26 de noviembre de 1981, por motivos de salud. Durante su gobierno se construyó la Catedral, que fue consagrada el día 14 de febrero de 1982 en sede vacante; continuó la construcción del Seminario, impulsó los movimientos apostólicos y promovió las misiones populares en todos los rincones de la diócesis.
Durante la sede vacante el Papa Juan Pablo II nombró administrador apostólico de la diócesis al Sr., Arzobispo Don Carlos Quintero Arce, de la Arquidiócesis de Hermosillo, quien durante nueve meses estuvo al frente de la misma.
El 15 de julio de 1982, S.S. Juan Pablo II, nombró tercer Obispo de Ciudad Obregón, al Sr. Obispo Don Luis Reynoso Cervantes, obispo auxiliar de Monterrey, quien tomó posesión el 29 de agosto del mismo año.
Durante los 5 años que estuvo al frente de la Diócesis el Sr. Obispo Luis Reynoso, logró unificar el presbiterio, organizó la curia diocesana y la pastoral de conjunto, y dio impulso a los movimientos apostólicos. Mons. Luis Reynoso Cervantes fue trasladado a la Diócesis de Cuernavaca en 1987.
En 1988 es nombrado como sucesor del Sr. Reynoso, Obispo de Ciudad Obregón, Mons. Vicente García Bernal hasta entonces Vicario General de la Diócesis de Zacatecas. Fue consagrado y tomó posesión el día 24 de mayo de 1988. Durante este tiempo que estuvo al frente de la Diócesis, la visitó en su totalidad, animándola con su palabra y ejemplo. Se preocupó por el seminario, por la promoción espiritual del clero, y por la pastoral de conjunto, sobre todo fortaleciendo las instancias eclesiales: parroquial y decanal. (Cfr. I Plan Diocesano de Pastoral)
El 8 de noviembre de 2005 Su Santidad Benedicto XVI designó a S.E. Mons. Juan Manuel Mancilla Sánchez a la Diócesis de Ciudad Obregón, siendo así el quinto Obispo de nuestra Diócesis. Tomó el cargo el 12 de enero de 2006.
Nació el 27 de enero de 1950 en San Luis Potosí, S.L.P. (Diócesis de San Luis Potosí). Actualmente es Obispo Titular de la Diócesis de Ciudad Obregón.
2. Pregón Jubilar
PREGON JUBILAR DE LA DIOCESIS DE CD. OBREGON.
50 años sirviendo al pueblo peregrino de Dios.
Les anunciamos hermanos, una buena noticia,
una gran alegría, para todo el pueblo;
escúchenla, con el corazón lleno de gozo:
Habían pasado miles de años
desde que al principio Dios creo el cielo y la tierra
e hizo al hombre a su imagen y semejanza,
y miles de años desde que cesó el diluvio
y el Altísimo hizo resplandecer el arco iris,
signo de alianza y de paz.
En el año 752 de la fundación de Roma.
en el año 42 del Imperio de Octavio Augusto,
mientras en toda la tierra reinaba la paz,
en la sexta edad del mundo.
Hace 2008 años,
en Belén de Judá, pueblo humilde de Israel,
ocupado entonces por los romanos,
en un pesebre, porque no había sitio para ellos en la posada,
de María Virgen, esposa de José,
de la casa y familia de David,
nació Jesús,
Dios eterno hijo del eterno Padre y hombre verdadero,
llamado Mesías, es decir Cristo,
que es el salvador que todos los hombres esperaban
y que en 1521, se hace presente, en el nuevo mundo,
trayendo para nosotros un regalo, que llenó los corazones destrozados,
los pueblos, destruidos, por un mundo, incomprensible a sus ojos.
En 1531 nuestro salvador llega a Tenochtitlan, dejando a Santa Mª. De Gpe. Que se habían aparecido al Indito Juan Diego en el cerro del Tepeyac.
Siendo Obispo en ese tiempo Fray Juan de Zumárraga,
le pidió que le construyera, un templo,
el templo de una nueva Nación mexicana.
Pasaron muchos años, para cuando nuestro Señor volteó los ojos,
hacia el Estado de Sonora.
Era el 1779 cuando el Papa Pió VI,
el 7 de mayo separó las diócesis de Sonora y Sinaloa.
En 1883, en mayo 27, el Papa León XIII separó los obispados,
estableciendo la Diócesis de Sonora y Sinaloa,
siendo primer Obispo Fray Antonio de los Reyes y Almada.
En 1919, el 24 de enero,
es preconizado como Obispo de Sonora,
por el Papa Benedicto XV,
el último Obispo de Sonora. Don Juan Navarrete y Guerrero,
hombre recio que llega a estas tierras, montado en un caballo.
En México, ciudad humilde de Sonora, a Ciudad Obregón,
vuelve sus ojos el Señor.
El Papa Juan XXIII crea la Diócesis de Ciudad Obregón,
el 20 de junio de 1959 con la bula, “cum petisset”.
Ejecutada el 25 de febrero de l960,
Esta tierra bendecida , por el sagrado Corazón de Jesús,
y gobernada por el primer Obispo José Soledad Torres Castañeda,
hombre obediente y sumiso, que viene en el nombre de Cristo,
como Padre, para amonestar presidir.
La gracia estaba con el,
20 de noviembre de 1961,
nos da la Niña de sus Ojos, el Seminario,
su recuerdo y su cuerpo permanece entre nosotros,
como mártir sencillo y humilde.
En 1967, llega a nuestras tierras una nueva señal de Dios,
el Sr. Don Miguel González Ibarra,
amante del pueblo de Dios, deja para nosotros,
la nueva Catedral, siendo bendecida la primera piedra, Papa Pablo VI,
era el año 1976.
En 1982, Juan Pablo II, nombra Obispo al Sr. Luís Reynosa Cervantes,
hombre organizador que deja un regalo para la Diócesis,
el Seminario Mayor.
Una nueva bendición, apareció en el horizonte
“ heme aquí “ Don Vicente García Bernal. Era el 24 de mayo, 1988, un Obispo muy sencillo humilde y lleno de Dios.
Juan Manuel Mancilla Sánchez, ahora proclama el jubileo diciendo:
“Les anunciamos hoy por hoy, que nuestra Diócesis,
dorada por el sol, celebra cincuenta años de erección en nombre de Dios, por ello, escúchenla con el corazón lleno de gozo:
En el dos mil nueve, del año del Señor,
el 25 de febrero, celebramos con alegría,
nuestro jubileo, levantemos las manos al cielo,
y, agradezcamos a Jesús Dios eterno, Hijo del eterno Padre y hombre verdadero, llamado Mesías, es decir, Cristo,
Que es el salvador que todos los hombres esperaban.
Pbro. José Isaac Flores Cota.
3. Proceso histórico
PROCESO PASTORAL DIOCESANO.
Nuestra pastoral Diocesana ha tenido un proceso que es marcado por el Concilio Vaticano II: la renovación eclesial a la luz de la Palabra de Dios y de la doctrina conciliar con el fin de realizar una misión evangelizadora en el mundo actual, con mayor fidelidad y generosidad. Un caminar largo, lento y penoso, caracterizado lo mismo actual, con mayor fidelidad y generosidad. Un caminar largo, lento y penosos, caracterizado lo mismo por la entrega entusiasta y frutos esperanzadores, como también por incomprensiones y resistencias ante las exigencias de una conversión integral, que pide no sólo una mejor presentación del mensaje cristiano, sino su encarnación, la renovación de estructuras y sobre todo, la renovación de las mismas personas, de su mentalidad, de su manera de actuar y vivir.
En la década de los 70 se impulsa la pastoral de conjunto, creándose espacios donde el espíritu de comunión y de servicio eclesial se cultiva: semanas de pastoral, consejo presbiteral, zonas pastorales, comisión del apostolado seglar,
En la década de los 80 y 90 se continúa con el esfuerzo realizado de promover una pastoral de conjunto, recogiendo logros y retos de los años anteriores, promoviendo, animando y coordinando, de manera más estructurada la pastoral integral. Se destacan los siguientes elementos: coordinación de movimientos de apostolado seglar, Año Bíblico, convivencia sacerdotal, impulso de la evangelización integral de los laicos, apoyo a la escuela de catequesis como centro de formación para laicos; promoción entre los movimientos laicales del conocimiento, reflexión y participación en la pastoral de conjunto, el Seminario inicia la etapa de formación teológica en nuestra diócesis, etc.
Iniciamos el tercer milenio cargando todavía varias limitaciones y preocupaciones, pero también más consientes de nuestras capacidades y con una grande esperanza, que nos impulsa a seguir avanzando en nuestro caminar diocesano.
Esta realidad la hemos vivido y compartido a través de las siguientes acciones y mecanismos:
- Asambleas Diocesanas de Pastoral, que pusieron las bases para la elaboración del plan diocesano de pastoral.
- Cartas Pastorales de nuestro Obispo sobre La Parroquia y El Decanato: su reflexión y estudio nos iluminó en nuestro proceso de concientización y renovación.
- Asamblea Parroquial y Decanal, que han tenido la finalidad de fortalecer nuestra vivencia de Iglesia diocesana dinamizando la vida parroquial y decanal para que logren ser comunidades de fe que vivan e irradien la nueva evangelización.
- La Comisión Diocesana de Pastoral, que ha llegado a ser un espacio privilegiado para la reflexión y la búsqueda común de los caminos que nos llevan a fortalecer la pastoral orgánica.
Podemos concluir diciendo que después de las etapas de los inicios y de la búsqueda, hemos entrado a una etapa de clarificación y consolidación del ser y que hacer de toda la Iglesia diocesana en la construcción del Reino frente a los retos que tenemos en el tercer milenio.
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